4 d’oct. 2015

Cenizas verdes


Verde que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda,
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

No me preguntes por qué pero tengo este fragmento grabado a fuego en mi memoria. Quizás por la pasión con la que me lo leías antes de ir a dormir. Quizás porque siempre me ha gustado el verde. Quizás porque tú preferías a Lorca que a Bécquer. Lo más probable es que no me sirva de nada saberlo, pero sé que nunca lo voy a olvidar. Aunque quiera, aunque tenga que meter a presión mil cosas más en mi cerebro, allí quedará el romance sonámbulo en un rincón. Tu rincón

En tu rincón también estará el lema de la família (sí, ese "no tenemos prisa" y por eso siempre vamos corriendo) junto a tus crucigramas y la ilusión tremenda cuando llegabáis a casa unos días antes de Navidad. Y la cara de mis amigas cuando me venías a buscar al cole y eras el único abuelo con tejanos y bambas, chulo como nadie. También estan allí tus apodos para cada momento de mi vida: hija de Li Peng, ella-baila-sola, pituca y "una de mis nietas preferidas aunque sea independentista". Pero sobre todo, ocupando mucho espacio, está tu capacidad para reirte de todo, hasta de tus múltiples "insuficiencias" cuando no te llegaba el aire. 
Allí quedará todo guardado, por si nunca te necesito, para cuando te eche de menos.




















(por costumbre te lo he dicho en castellano, encara que sé que entenies perfectament el català i només dissimulaves, però tranquil, no li diré a ningú)


- No saber ni quin dia de la setmana és
+ Dormir fins que em llevo amb mal d'esquena

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